Lolita

Esto no va a funcionar, Annelore. ¿Qué dirá mi mamá si descubre que me estoy escapando de casa para ayudarte a ver… bueno, a él?- le preguntó, retórica, y muy enojada Lucy-. Ya tuve suficiente con que me castigaran ayer por culpa de Avril.

-¿Mi culpa?- saltó la eludida-. Debo recordarte que no fue idea mía saltarse la clase para…

-Cállense las dos- gritó Annelore-. Sus padres no se van a enterar. El castigo no fue merecido. Y no es nuestra culpa que los tóxicos de "Joseph no sepan guardar un secreto.

-O como yo prefiero decirle, el "acosador personal de Avril"- se burló Lucy-. De todas formas, no estaremos ahí toda la noche. Y el castigo es hasta el lunes, cuando comience el segundo semestre, por lo que tampoco es que rompamos muchas reglas. Tienes razón, adelante.

Mientras caminaban hacía el sitio donde se realizaban las fiestas, las tres chicas seguían pensando en que algo malo ocurriría aquella noche, a pesar de no expresar sus temores en voz alta. La mitad del tiempo la pasaban juntas en la escuela. El resto se dividía en un cuarenta y Díez por ciento. El cuarenta, para su felicidad, podían llevar a cabo la vida normal de una adolescente entre ellas. Y el diez se trataba de estar en su cruel realidad por unos minutos. Incluso llegaban a olvidar las cosas buenas de la vida.

El enorme temor de Lucy se incrementaba cuando imaginaba la expresión de su madre, Caroline, si se llegaba a enterar de su huida de casa nocturna. No es como si no fuera a volver. Aunque, a veces, ganas no le faltaban de tomar sus cosas y dejar atrás la enorme mansión Volgger que la traía como prisionera.

Todas las noches habían fiestas en aquel lugar y Avril, quien no era partidaria de estas, estaba que echaba chispas por la ira. Pasaba la mitad del tiempo en su casa, sola en su cuarto, sin hablar con nadie. Muchas cosas la diferenciaban de las otras adolescentes. Su actitud medio tímida y silenciosa, a excepción de cuando estaba con sus amigas, quienes eran unas de las pocas personas capaces de arrebatarles sonrisas de vez en cuando.

-Odio a la gente que me hace llevar a cabo cosas que no me gustan, entre ellas, ir a fiestas. Ni existe nada más aburrido- se quejó antes de ingresar a la enorme habitación de la fiesta.

-Avril, tú odias todo. Tu baja emoción es una de las mayores pruebas de ello. Y definitivamente no es normal. ¿Qué ocurre? ¿Tú…?

-Todo está absolutamente bien- se apresuró a responder ella antes de que Lucy terminara cualquier frase y tuviera que comenzar a mentir.

-De acuerdo. Supongamos que te creemos- dijo Annelore-, ¿podemos entrar de una vez por todas? Me estoy congelando acá afuera.

La noche de agosto era de un frío invernal. Como si no se trataba de Valdivia de la ciudad que hablaban. Las estrellas no se veían, y la luna se podía contemplar únicamente entre las nubes blancas causando un aspecto de película de terror, y llevándose consigo de la seguridad de día. Por lo menos, habían temido suerte, aquel día no llovió, solo la niebla cubría el ambiente terrorífico y petrificado.

Las desesperantes luces del sitio alumbraban despampanantemente en el rostro de las tres muchachas. Los gritos y las risas histéricas de la gente, la música por sobre estas voces, y ante todo, una sonriente y emocionada Annelore que no se dejaba amedrentar por la intensidad del lugar. Sin contar que ignoraba a cualquiera que la mirara con extrañeza debido a su efusividad.

Su cabello rubio largo y liso le llegaba hasta la mitad de la espalda, dando un aspecto extraño bajo la luz de la entrada de "Limite Infernal". Solo observarla y demostraba su carácter demasiado extrovertido, alegre y emocionado. A pesar de esto, su vida no era color de rosa por completo. A diferencia de sus amigas, claro, Annelore siempre podía contar con la ayuda, o mejor dicho atención, de sus padres como la cantidad de los adolescentes.

Otro hecho que le hacía preguntarse a Avril era la mochila enorme que tenía Lucy en la espalda. Los ojos de esta se veían ansiosos y poco cómodos. Ella no tenía gran aberración a las fiestas como era el caso de Avril, pero tampoco una especie de efusión o adicción igual a Annelore. Siempre se llevaban a cabo enormes banquetes en su hogar, por lo que estaba acostumbrada a las características de típicas de cuando se reunían muchas personas en un solo lugar, y lo que esperaban de ella.

Pero algo para lo que ni ella ni Avril estaban preparadas era para la enorme magnitud de la fiesta. No se veían específicamente como la clase de lugares que iría alguien decente como ellas. La verdad, el miedo de la castaña y la morena se incrementó al ver una pequeña tarima en el fondo con más luces. Se preguntaban, sobre todo Avril, en donde diablos las habían metido las enormes ideas de su amiga.

-Bien- suspiró Lucy-, ahora, ¿puedes ir a ver a Quique y así nos vamos rápido? No me gusta el aspecto de este lugar.

-A mi tampoco- apostilló Avril-. ¿Sabes que clase de personas vienen a sitios cómo este? Gente como Joseph Figueroa; a quien no me sorprendería ver por aquí.

-Veo que alguien piensa demasiado en cierto chico rebelde- canturreó Annelore-. Ay, el amor, ¿no es lindo?

-Ay, el amor, ¿no es asqueroso y sin sentido en la adolescencia?- replicó ella, pasando sus manos por su cabello negro, frunciendo levemente el ceño. Los ojos verdes de Avril iban de esquina a esquina para evitar tan ridículo tema que era para ella.

-Cállate, amargada- se quejó Annelore-. Es bello.

-¿Me dirás que lo que te pasa con Quique es amor?- alzó las cejas en forma de reto para que le responda de manera creíble.

-Yo… no… si. Mejor me voy a buscar a Quique- tartamudeo con una enorme sonrisa nerviosa y repleta de ansiedad.

Se alejó a paso firme y rápido, perdiéndose entre la multitud. No quería responder esa pregunta y estaba mucho más que obvio, pero ¿sabía lo que en verdad ocurría? Annelore movió la cabeza y se fue en búsqueda de Quique.

Avril y Lucy vieron como se iba y se miraron a los ojos por un instante. Se encogieron de hombros y sintieron que un enorme ruido de gritos de hombre que animaba.

-¿Qué se supone que haremos ahora?- le preguntó Avril a Lucy.

-Tú… quédate, disfruta. Yo iré a hacer lo mismo en otro lugar.

-Pero…

-Vive un poco la vida de forma alegre. Sonríe- le animó pasando las manos por los labios de su amiga, causando que estos se estiraran hasta formar una falsa y mal formada sonrisa.

Y dicho esto, también la dejó completamente sola. Aunque no fue a seguir los mismos planes de Annelore, si no que, muy por el contrario, solo deseaba echar un vistazo alrededor del enorme lugar.

Avril no sabía que hacer ahí, absolutamente sola y perdida en un sitio al cual nunca había ido. Miró atentamente todas las esquinas en busca de algo interesante que hacer, pero no hallaba absolutamente nada digno de prestar atención.

Caminó sin sentido por todos lados. Lo que más llamaba la atención de los presentes, quienes la miraban con extrañeza, eran las ropas que llevaba puesta. A diferencia de aquellas boleras con lentejuelas y escotes con faldas cortas o pantalones ajustados, Avril traía puesta un par de jeans sencillos con zapatillas y una camisa negra con botones, y un abrigo gris sobre esta, Se puso las manos en el bolsillo de este y observó el piso.

El cabello negro casi le cubría el rostro blanco por esta acción, y se le era incapaz de verlo con demasiada atención y claridad. El problema de su vestimenta era que, al llamarla Annelore, no sabía a donde se dirigía, por lo tanto solo tomó lo primero que traía puesto y cogió la chaqueta.

Lucy estaba demasiado emocionada buscando alguna entretención. Traía una falda negra con botas y calzas que le hacían un poco más pasable socialmente que Avril. La polera azul le daba un ambiente "nocturno alegre" a su aura.

En el momento que se detuvo y decidió tomar una bebida, alguien le tocó el hombro. El contacto le hizo dar un salto.

Se giró para encontrarse con un muchacho alto, debía tener entre veinte años o quizá un poco más. Su cabello era rubio y con ningún peinado en especial; los ojos verdes le relucían con brillo y una enorme sonrisa le provocaba a Lucy devolvérsela.

La primera impresión de Lucy fue que era demasiado guapo y sonriente. Pensaba que posiblemente era una persona con la cual podía no perder contacto, hasta que habló:

-Hola, soy Damian. Un gusto- dijo él.

-Lucy- respondió con una afable sonrisa.

-Lindo nombre, poco común por aquí.

-Gracias- su enorme curiosidad por saber como era aquel joven se disolvió al pensar que de seguro era igual a todos los demás. Conquistando con las mismas frases de siempre-. ¿Por qué te acercaste?- fue directamente al grano.

-No me parecía…- dudó-. ¿Estás con alguien?

-Si, mis amigas, pero una fue a encontrarse con alguien… y a la otra no le gustan las fiestas. Debe estar aburriéndose por ahí- contestó con sencillez, encogiéndose de hombros.

-Es increíble, ¿a quien no le gusta divertirse?- se extrañó Damian.

-Avril tiene otro concepto de diversión- suspiró, recordando a Avril.

-Veo que tu amiga está ocupada y la otra no se encuentra cómoda. Ven a bailar- la forma en que lo dijo fue más una orden y no una pregunta, que era como debía ser. Debido a su carácter demasiado feminista, de inmediato comenzó a creer lo peor de Damian.

No sabía que decir.

Mientras tanto, Annelore buscaba entusiasmada a Quique, quien no daba señales de vida. Y Avril se sentó en una mesa absolutamente sola y escuchando música en su Mp4. Estaba más que aburrida, pero por suerte, el rock la distraía de las canciones demasiado estrepitosas que sonaban por los parlantes y que ponía el DJ.

Fue cuando lo vio.

Se quería borrar de la faz de la tierra cuando vio su cabello cobrizo perfecto y ojos grises. Su aspecto era demasiado decente. Nadie en al vida que no lo conociera podía llegar a creer que Joseph Figueroa consumía heroína.

Demasiado perfecto físicamente, con ojos y sonrisa muy convincentes. Mantenía buenas calificaciones, un buen estado físico y, a pesar de la palidez, no había nada malo en su fisonomía.

A su lado estaba Tamara y Nadia Montenegro. Ambas rubias e igualmente desaprovechadotas de la vida. Los ojos celestes de Tamara eran de la típica "niña bien" hija de padres ricos que guardaba su loba interna para las noches con alcohol. Avril no sabía si se drogaba, pero tampoco quería saber.

Avril temió de inmediato que la viese y su madre se enterase de donde estaba. Danielle Portalopez era una persona algo alocada y con muchas perspectivas de la vida. Solo eran ellas dos, por lo cual decía que debían tenerse confianza, aunque ella no era capaz ni siquiera con sus propias amigas ni mucho menos con su mamá.

Demasiado introvertida como para contarlo todo.

Fue corriendo en búsqueda de Lucy y Annelore.

Esta última se ponía cada vez más desanimada en búsqueda de Quique. No deseaba comenzar a pensar cosas negativas, cómo que él la dejó plantada, pero definitivamente su imaginación daba paso a esa opción tan desagradable. Solo quería imaginar que debía tener excusas muy buenas. Si no quisiera verse con ella, no habría insistido tanto en persuadirla para escaparse de los señores Villanueva. Y Quique sabía a la perfección el protocolo entre las familias adineradas de la ciudad; limitaba demasiado la vida adolescente normal.

Si hubiera llegado después que ella, cualquiera lo notaría. Cada vez que Quique Miller ingresaba a un antro nocturno de tanta categoría como "Limite Infernal" todos se giraban a verlo. La mayor


parte del tiempo hablaba de más con sus amigos, y Avril no era ajena a ello, pero Annelore no le hacía caso. Tenía veinte y se comportaba, a vista de sus amigos, cómo de diez años. Mas a la rubia ni le interesaba escuchar malos comentarios de él. Pensaba que Quique era su príncipe que la acababa de rescatar, pero en cualquier momento este te podía convertir en sapo y no al revés.

-Creo que… Ay, estoy demasiado cansada de esperar al idiota de Quique- escuchó que decía la voz de una mujer en la barra-. ¿Se habrá ido?

-No lo sé, Pamela, pero no creo. Aunque… ¿te fijaste?- le dijo la otra en tono de indignación.

No era intención de Annelore escuchar la charla, pero la tal Pamela y su amiga habían nombrado a Quique y podía ser el mismo que ella buscaba.

-¿En qué?- se removió el pelo la que lo tenía de un color pelirrojo y que vestía ropa demasiado ajustada para el gusto de cualquier chica decente.

-Se fue pintando al baño en cuando vio a esa rubia de la esquina de allá- señaló a Annelore, quien se dio vuelta de inmediato, asustada y nerviosa por la incomoda situación que estaba viviendo.

¿Se estaba imaginando todo? ¿Su Quique con otras muchachas y escapando de ella? No, eso si que no era posible. Pero si él decía quererla. Definitivamente debían hablar de alguien más.

Iba a hablar con esas dos chicas, cuando Avril llegó a su lado. Esta había corrido demasiado y sentía que el calor comenzaba a subirle. Se quitó el abrigo y quedó solo con la blusa, la cual era un poco escotada. Sacó su pelo de rostro y la miró.

-Ay, ¿qué pasa, Avril? ¿Vienes corriendo de un monstruo?- preguntó, torciendo el gesto.

-El chico del que vengo escapando es uno- dijo ella, acordándose de Joseph. Un verdadero monstruo que no sabe guardar secretos.

-¿Hablas de Joseph Figueroa?

Avril asintió con la cabeza.

-¿Está aquí?- abrió los ojos al máximo-. Diablos, no puedo tener tan mala suerte esta noche. Quique no se encuentra, y si está, no deseo verlo luego de lo que me hizo pasar y…

-BASTA. Ahora, vamos a buscar a Lucy y salgamos de aquí. Lo que menos me apetece ahora es otro castigo para la primavera. El invierno castigada fue más que suficiente- dijo Avril, enojada y pasando sus manos para sacudir los hombros de Annelore.

-Bien, vamos- dijo la otra.

Mientras tanto, en ese instante, Lucy seguía escuchando a Damian.

-No quiero saber porque te acercaste, pero mejor busco a mis amigas- se apresuró a decir ella.

-Tienes ojos bonitos. Los más lindos que he visto. ¿No vamos a bailar?

-Ja, está más que claro que no.

Para aquel entonces, Avril y Annelore ya la habían divisado. Se acercó a ellos y le dijo a Damian:

-Lo siento, debo irme. Adiós, Damian.

Volvió a ponerse la mochila y corrió a su lado. Se fijo en la blusa de Avril y comentó:

-De haber sabido que andarías así, Avril, te juro que hubiese buscado a alguien para presentarte.

-Cállate. ¿Quién era?- le sonrió-. ¿El muchacho de la barra te gusta?

-Otro idiota más a quien conocer- bufó ella. ¿Puedes creer que técnicamente me obligó a…?

-No importa, el punto es que debemos irnos. Joseph está aquí y puede decirla a alguien- le dijo Annelore.

Las tres chicas caminaron hasta la entrada del lugar, pero se fijaron que no estaban solas. El cabello cobrizo de Joseph se veía a lo lejos y no se encontraba solo. Ninguna de las tres podía afirmar con certeza que estaba drogado, pero tampoco podían negarlo.

La ansiedad subía y bajaba en las tres con la misma intensidad.

Lucy decidió que era hora de actuar.

Tomó a sus amigas de los brazos y las llevó a los baños. Estas estaban demasiado nerviosas como para protestar o preguntar que ocurría. Cuando llegaron al baño, Lucy comenzó a sacar unas prendas extrañas de la mochila y unas cajitas pequeñas, aunque solo Annelore las tomó con confianza.

-¿Qué significa esto?- preguntó Avril.

-No estoy dispuesta a que nos descubran, y sabía perfectamente que de seguro nos encontraríamos con este problema, por lo que vine absolutamente preparada.

-¿Y… qué haremos?- siguió Annelore.

-Ya verán.

Al terminar, ninguna de las tres chicas podía creer que eran ellas quienes se veían en el espejo. La más a gusto con su cambio era Annelore. Su cabello estaba azul con la peluca y aceptó con gusto los lentes de contacto verdes. Tenía un corsé morado y una falda de cuero del mismo color, y las botas negras. Su maquillaje la convertía en alguien totalmente irreconocible.

-Me siento peor que alguien de Moulan Rouge- dijo Avril.

-Pues mi maquillaje es así. Y te quedó bien el cambio- la tranquilizó Annelore. Lucy, debes reconocer que eres brillante.

-Lo sé- suspiró ella.

Avril tenía la peluca rubia platinada, con sus típicos ojos verdes, ya que se resistía insistentemente a colocarse lentes de contacto azules. Una especie de maquillaje al estilo Lady Gaga. El corsé verde y short de látex oscuro con pantys caladas negras y botas del mismo material del short. La mirada se veía más atrevida de lo usual en ella y, a pesar de que no sonreía, la idea le parecía más agradable con el paso de los minutos, alocada, pero con cierto aíre gustoso con un poquito de emoción. Después de todo, solo esperaba que su madre no se enterara.

-¿No es interesante la forma de que cambiamos con solo una peluca y maquillaje?- preguntó Avril.

-Si este fuera un lugar menos apropiado, estaría asustada de que nos descubrieran, pero es el sitio perfecto y la idea fue mía- dijo Lucy.

Lucy estaba pelirroja con un vestido, también de corsé, ajustada y en tacos. Sus labios de un rojo intenso igual que las ropas puestas. Esta peluca tenía rizos, y ella se dio el tiempo de acomodárselos con un peinado.

-Vámonos, nadie nos descubrirá- dijo ella, abriendo sus ojos verdes, los cuales, claramente, tenía lentes de contacto.

Antes de que pudieran llegar a la entrada, el DJ las cogió de los brazos a las tres. Las miró y puso una expresión de alivio en su rostro que ni Avril, Annelore ni Lucy pudieron entender…

Hasta que habló:

-Al fin, han llegado. Pero me habían dicho que no vendrían. ¿Han cambiado de opinión?

-Disculpe- empezó a decir Avril, nerviosa.

-No, linda, no tienes que disculparte. Solo vayan a bailar. El publico las espera y son las once y media.

-¿Qué…?- empezó a preguntar Lucy mientras el muchacho las llevaba a la tarima.

-Bien, hermosas. A bailar.´

Él se alejó y las abandonó solas en la tarima. Durante el tiempo que las presentaba, empezaron a susurrar.

-¿Qué hacemos?- preguntó Avril.

-Escapémonos- chilló Annelore.

-Están todos en la puerta- suspiró la falsa rubia, señalando a unos guardias que antes no habían visto.

-Bailemos- suspiró Annelore-. Solo improvisen tres minutos. ¿Qué perderemos?

-¿Mi dignidad de mujer?- señaló Avril.

-Annelore tiene razón. ¿qué vamos a ganar si humos si no otro castigo? Quizá solo es algo que debemos hacer por hoy. Luego te ayudamos a buscar tu dignidad de mujer, Avril. Se supone que la feminista soy yo. Hasta puede que te ayude a dejar de ser tan "emo".

-Pero…

-Solo baila, chica emo.

Se reunieron todos alrededor de la tarima y comenzaron a aplaudirlas. Ellas, improvisadamente, bailaron la canción que sonaba, la cual ya conocían las tres.

La música inundaba el lugar mientras las chicas bailaban. El baile resulto ser más sexy de lo esperado por cualquiera de las tres. Una forma de decir muchas cosas, y a pesar de demostrar demasiada inseguridad, ninguna lo puso en sus rostros de manera explicita. Y tampoco sentían que estuviesen haciendo nada malo, pues tampoco se trataba de que se estuvieran convirtiendo en "chicas de la noche" ni mucho menos que fueran a hacerlo todos los días por diversión.

Habían hechos y ocasiones que no se podían cambiar en la vida, y esta era, claramente, una de ellas.

Lucy, quien era una niña buena pero defensora de sus ideales, estaba en su diversión al sentir que la música era algo que iba con ella. Quizá no de esta manera, mas sin duda era la única forma de liberarse.

Annelore, con su carácter extrovertido, solo podía pensar en que esta era la idea perfecta para sentirse en todo su derecho de llamar la atención de Quique. Sentía la duda de si lo correcto era jugar con el muchacho que la hacía suspirar vistiéndose de esta manera o decirle que era ella… hasta sacarle celos luego de esto…

No, claramente no le diría. Ya había descubierto que, posiblemente, él no era todo cuanto ella creía. El próximo fin de semana sería su cumpleaños número dieciocho y pensaba realizar una enorme fiesta en su casa. Ahí podría vengarse de Quique.

A pesar de todas sus inhibiciones y que el escenario era algo incomodo para Avril, pero no podía negar que lo estaba disfrutando al máximo. Si bien no puedo huir, pensó, lo aprovecharé y le buscaré algo bueno en el fondo. Ella era una "niña bien", igual que Lucy, solo que Avril mantenía sus pensamientos y sentimientos fuera de sus labios.

Cómo nunca, estaba maquillada, y se sentía otra persona, alguien que anhelaba salir por el día y solo tenía el valor de hacerlo por las noches, cuando nadie que la conociese pudiera verla tal cual.

Al terminar la canción, todos, sobre todo los hombres, aplaudieron de forma desenfrenada y desesperada.

-Hombres- suspiró Lucy-. Donde sea que vayamos, hombres siempre serán hombres. ¿No es gracioso y súper loco?

-Lo que es más loco que eso es lo que acabamos de hacer- dijo Avril mientras bajaban de la tarima.

-No sé ustedes- comentó Annelore-, pero a mi me gustó. Es algo absolutamente nuevo y…

-Supongo que ahora podemos irnos- se apresuró a decir al tiempo que se acomodaba la peluca rubia.

-Avril, no seas así. Salió perfectamente. Mira a tu alrededor, la gente está feliz, y lo más importante: nadie sabe quienes somos- sonrió Lucy.

-Está bien. Tienen toda la razón: salio excelente y nunca creí que pudiese hacer algo de esa magnitud.

-Así se habla "rubia"- le dio un golpecito en el hombro Annelore-. Estaban provocando allá arriba, y nunca creí que pudiesen ser tan "sexy" y "desinhibidas" ante los desconocidos, y en el caso de Avril, ante cualquier persona.

-jaskajskajskajskjaks- bufó Avril.

-Fue por razones de fuerza mayor- dijo Lucy-. Es claro que no podemos olvidar eso.

-¿Qué no puedes olvidar, linda?- le preguntó una voz vagamente familiar a sus espaldas.

Se giró para verlo a la cara. Claro, Damian. El machista de hace un rato.

Bien- se dijo a si misma-, es hora de desquitarte con este tipo, nada me "obliga a hacer algo".

-Nada que a ti te interese- su voz, a pesar de querer destilar ira, solo pudo convertirla en un tono bajo y seductor-. Nos vemos luego, chicas.

Se llevó a Damian de la mano y se sentaron cerca de la barra. Él estaba embobado con la pelirroja, y eso a ella le encantó cuando lo percibió.

-Así que.. ¿Cuál es tu nombre, hermosa?- le preguntó él, acercándose más a ella. Luego, miró al hombre de la barra y dijo-: Dos tragos.

-No tomo- le comentó ella.

-¿Ah, no? Yo creí que… vaya, creí que… Bueno, no importa. Dime tu nombre.

-Eh…

A pesar de su nerviosismo, no apartó la vista de los verdes ojos de Damian. Maldijo a Annelore en su mente. Sabía que esto era su idea, pero no el escaparse de casa. Estupida mente brillante e imaginativa- se dijo.

Recordó a Anne…

-Annie, me llamo Annie- dijo de repente.

-Excelente. Soy…

-…¿Damian?- alzó una ceja.

-Si, ¿cómo lo sabes?- se extrañó él, sonriéndole.

-Intuición.

Cuando esto ocurría, Annelore pensaba en otra "brillante idea", volviendo a dejar sola a Avril.

-¿Qué se supone que haces?- le preguntó esta última.

-Comprobar lo fiel que es Quique conmigo- se susurró a si misma, pero Avril no alcanzó a escucharlo. Luego añadió con más claridad-: Solo buscaré algo y nos vemos en quince minutos.

-Bien- suspiró su amiga, sabiendo que no le quedaría nada con que refutar.

Caminó lejos de Annelore. No podía creer que todo estuviera pasando por huir de Joseph Figueroa. Ese chico si que movía la mitad de su mundo con solo aparecérsele, y no era para bien. Siempre se imaginaba el cabello cobrizo muchacho siempre le daba una sensación de desesperación que le subía y bajaba en el cuerpo. Odiaba la manera en que este la seguía en el colegio de vez en cuando diciéndole que…

No deseaba recordarlo.

El hecho de que el padre de este aportara con dinero, muchisisimo, en la escuela cada mes no significaba que pudiese drogarse y hacer lo que quisiese sin ser castigado.

-Veo que alguien está un poco aburrida- dijo alguien al frente de ella.

-No lo sé- dijo Avril, intentando no sonar insegura-. ¿Qué crees tú? Quizá, si.

-¿Puedo hacer algo para cambiar eso?-alzó su mirada hasta ver los verdes ojos de la chica.

-Tal vez.

Se acercó más a ella hasta tocar su hombro con el borde de su mano. Avril intentó evitar el contacto, pero el chico susurró en su oído:

-Por cierto, soy Joseph. ¿Y tú?

Ay, no. Ahora iba a comenzar a preguntar su nombre. ¿Qué diría? Buscó en un libro que haya leído un nombre corto, pero solo pudo acordarse de Elizabeth Bennett. Eli- za- beth. Ahí estaba, ya lo había encontrado y encajaba a la perfección.

-Lizz

-Entonces, ¿quieres bailar?- le preguntó.

Ella lo contempló a los ojos. Sus perfectos ojos grises… ¿No estaba hablando y pensando Avril? No, esta era Lizz: la misteriosa chica que acababa de bailar en "Limite infernal". Y él era la clase de muchacho que entraba a un sitio y todos se volteaban a verlo.

-No bailo- era hora de ser sincera para Avril.

-Pero su acabas de hacerlo… y perfecto- le recordó él.

¡MALDICION! ¿Cómo pudo olvidarlo? No, mejor dicho, ¿cómo pudo no pensarlo?

-Si, pero es ensayo de días. Y técnicamente, a la fuerza- añadió.

-Solo bailemos- la tomó de la mano.

Lizz comenzó a notar la palidez de Joseph. Si, estaba drogado, ya que mientras bailaban se veía demasiado liberal y en casa. No sabía en que lío se estaba metiendo, pero tampoco deseaba dejarlo solo. No cuando estaba comenzó algo seriamente peligroso… cerrarlo de un golpe podía causar consecuencias graves e irreparables.

Annelore si que había encontrado a Quique y este no dejaba de coquetear con ella de manera incansable.

-¿Sabes que eres algo insistente?- le cuestionó ella.

-Si, pero no me iré hasta que me digas tu nombre.

-Nikky.

Ella fue más rápida que sus amigas, por lo tanto no hizo esperar a Quique, cuyos ojos celestes relucían con la emoción del momento. Pasó la mano por su cabello negro y se quedó observando demasiado tiempo la pierna de Nikky. Luego, se la tocó con la yema de los dedos.

Ella decidió comenzar desde abajo:

-¿Qué dirá tu novia si haces esto, Quique?

-Quizá no tengo.

Annelore hizo chocar sus dientes.

-Pero tal vez, si.

-Tienes razón, quizá la tengo. Solo deseo estar a solas contigo-le musitó quedamente en la oreja.

A Annelore se le bajó las sangre a los pies, algo le impactó, metafóricamente, en el pecho. Pensaba que Quique era… Pero Nikky no se amedrentó.

-No vayas tan rápido. La siguiente noche veremos que ocurre.

Se alejó de Quique a paso lento, moviendo las caderas.

-¿Te dijeron que tenías unos ojos hermosos? - le preguntó Damian a Annie-. Los más lindos que he visto.

Ella se molestó tanto con el cliché de Damian que solo dijo:

-Adiós, Damian.

-Un momento. ¿Nos veremos?- se quiso asegurar él.

-Ahí veremos.

La pobre de Lizz sentía que no quería alejarse de Joseph. Ni su nuevo lado rebelde ni Avril. Deseaba tomar distancia con el chico, pero esto le daba miedo. Cada vez que lo miraba a los ojos, su cuerpo comenzaba a querer estar a su lado.

-¿Has pensado en que la vida es difícil?- le preguntó, derepente, Joseph.

-Si, a veces, incluso, llegó a creer que no tiene un sentido- admitió con voz seria.

-Supongo que uno tiene que tener- comentó él-. Solo se debe esperar.

-Pues no soy muy paciente- movió la cabeza.

-Ya somos dos.

Entonces, vio a "Nikky" y "Annie" que le hacían señas a distancia para acercárseles.

-Debo irme.

-¿Cuándo nos veremos?- le tomó la mano. Ella lo miró y se le cortó la respiración-. Porque será así, ¿no?

-Claro, si debemos vernos, así será.

Él se acerco y le besó la mejilla, demasiado cerca de los labios. Sintió que sus ojos se cerraban inconscientemente al sentir el contacto de la suave piel de Joseph con la suya. ¿Acaso no podía tener el aspecto de los demás drogadictos? No, claro que no. Él debía ser como un ángel, se decía una y otra vez.

Después, se vio con sus amigas en la entrada de "Limite infernal". El hogar de Lizz, Nikky y Annie.

 

Inspirado en la canción Lolita de Belinda 

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